lunes, 19 de septiembre de 2016

El secreto de Amparo 

Escrituras y vivencias literarias de Toni Montesinos

 ALMA EN LAS PALABRAS

         
NUEVA NOVELA DE RUBEN LOZA AGUERREBERE



      Hace un par de años, reseñaba en La Razón el libro de Ruben Loza Aguerrebere Conversación con las catedrales (editorial Funambulista, 2014), en que recogía sus charlas con Borges y su viejo amigo Mario Vargas Llosa. Ahora anuncia nueva novela, El secreto de Amparo (Ediciones de la Plaza, Montevideo), de la que hablamos brevemente:

–¿Cómo definirías las historias de tu nueva novela?
–El narrador es un escritor que viviendo en un París emocional escribe en las terrazas de los famosos cafés parisinos las historias de la joven Amparo, de su esposo Bebe Bauman y el pintor bilbaino Manu Zabala, un artista plástico que se ha radicado en Minas y cuanto ocurre allá. Esta historia sucedió treinta años atrás, conoce sólo el final de ella e imagina como todo escritor lo demás. Mientras reconstruye esas vidas relacionadas todas ellas con Amparo, también cuenta sus andanzas en París donde va tras los pasos de una inasible musa.
           
–¿Por qué elegiste Minas y París para situar la novela?
–La pequeña ciudad de Minas rodeada de colinas azules que le recordaron al pintor Zabala su mundo natal de Bilbao, donde vive Amparo y su esposo y amigos y el pintor vasco, es mitad verdadera porque está en mi memoria de adolescente, y mitad imaginada porque en ella situé La librería. Y escribo sobre París porque es una ciudad que amo y a la que visito asiduamente. Me dio mucho placer escribir sobre ella. 

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             La información y el diálogo que hoy comparto con los visitantes de mi  blog, fue publicada en Alma en las palabras, blog del escritor y crítico literario español Toni Montesinos, el pasado 6 de septiembre.

             Quiero dejar constancia de mi agradecimiento especial a Sara Skog Olsson y Santiago Viúdez Lomba, los autores de la fotografía que ilumina la carátula de “El secreto de Amparo”, por su magnífico aporte a mi libro.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Poeta de regreso



            Sus dos últimos libros ( “La esperanza y su sombra” y  “Los reflejos en la noche”) se publicaron hace nueve años. Después, sobrevino un largo silencio.           
            Hoy, el escritor Guillermo Lopetegui ha retornado con un poemario. Se titula “Mascarada” (Ediciones Aldebaran) y sobre él hemos dialogado.
            Guillermo Lopetegui sostiene:
         --“Más que un regreso a la literatura se trata de un regreso a la dinámica de las ediciones. Nunca dejé de escribir y desde 2007 a la fecha algunos de mis cuentos pasaron a integrar antologías”.
            Y agrega que se ha tomado su tiempo para escribirlos, corregirlos, reescribirlos.
            --¿Cuál es tu experiencia en el género de la poesía?
          --Lo cierto es que no estaba en mis planes editar un libro de poemas. No estaba en mis planes escribir todos los poemas que escribí, fundamentalmente entre mediados de 2013 y principios de 2014. En mi adolescencia, como todo adolescente, pasé por la inevitable etapa de la poesía y escribí varios, a mano, que luego alguien pasó a máquina y hoy duermen el sueño de los justos dentro de una bolsa. Más adelante mi actividad dentro de la literatura se desarrolló y desarrolla fundamentalmente en el terreno de la narrativa”.
             --¿Cómo nació este poemario?
        --La alegría vino en 2004: estaba en la playa Solari de La Paloma leyendo Salvo el crepúsculo –el poemario póstumo—de Julio Cortázar y seguramente en parte por influencia de lo que estaba leyendo, y por circunstancias sentimentales que estaba atravesando ese verano de hace ahora doce años, me sentí impulsado a tentar la forma poética. Pedí un bolígrafo a otro veraneante y en la última página, en blanco, del libro de Cortázar, empecé a escribir los primeros versos de un poema –“Corumbaria”—que hoy integra la primera de las tres partes en que está estructurado Mascarada”.
           Los demás poemas fueron escritos con el paso del tiempo, dos años después, luego en el 2013,  hasta que ante el abanico poético que tenía delante, decidió publicar este libro, el que ha estructurado en tres partes.
            Y pensando en mañana y pasado mañana, dice:
            --En mis planes a corto plazo está –entre otros—el editar un nuevo libro de cuentos y seguir trabajando en la reescritura de la que hasta ahora es la única novela, inédita, que tengo en mi haber.
         Este poemario, que marca su esperado retorno, fue presentado el viernes 15, en un acto donde Guillermo Lopetegui fue saludado con  unánime alegría por el paso dado.

            Bienvenido.

viernes, 9 de septiembre de 2016

El día irreal



El domingo se cumple un nuevo año de la tragedia del 11 de septiembre de 2001, la que, al decir del escritor inglés Martin Amis, cambió el siglo XXI. Desde ese día el mundo que habitamos es otro. Y, a propósito de ello, hay varios libros que evocan ese día que nadie olvida. Don deLillo, uno de los mayores escritores americanos de hoy, ha escrito dos obras muy importantes: “El hombre del salto” (Planeta) y “En las ruinas del futuro” (Circe). En éste, hace una intensa reflexión sobre ese día de terror diabólico y analiza los diversos aspectos de aquella devastación física y emocional que supuso esa brutal agresión a la libertad.
           Pocos días después de que los aviones pilotados por terroristas se embutieran en las torres gemelas del World Trade Center, reduciéndolas a escombros y provocando miles de muertos, Don DeLillo visitó el lugar del desastre. Y escribió sobre ello, procurando sintetizar las emociones del momento, realizando descripciones precisas de los hechos de dolor y de las víctimas de aquella jornada de terror, a la que definió, diciendo: “Cuando decimos que algo es irreal, queremos decir que es demasiado real”.
           Don DeLillo describe momentos del horror de ese día. Lo cito: “Los teléfonos móviles, los zapatos, los pañuelos aplastados contra los rostros de hombres y mujeres que corren. Los cúters de sobremesa y las tarjetas de crédito. Los papeles que salieron despedidos de las torres y atravesaron el río volando hasta los patios de Brooklyn: informes financieros, currículos, formulas de seguro... Hojas de papel incrustadas en el hormigón, según algunos testigos. Papeles que rebanan los neumáticos de los camiones y permanecen allí encastrados”.
            Sabemos que los innumerables lugares de auxilio estaban vacíos. Los médicos y enfermeros esperaban desconcertados a los pacientes, que no llegaban. No llegaban porque casi todos habían muerto. Y sabemos que hubo gente que buscó a otra persona, hombre o mujer, conocida o no, para tomarse de la mano y saltar juntos al vacío. Otros lo hicieron terriblemente solos. Los vimos en la televisión. Están las fotos de muchos de ellos.
           Los terroristas del 11 de septiembre sólo entendieron la naturaleza de la tecnología como algo destructivo, y entonces la utilizaron para matar. Asistimos ese día a la guerra entre el pasado y el futuro. Un estado desprovisto de fronteras, teocrático global, que es tan obsoleto que depende del fervor suicida, y el mundo libre y democrático, desde entonces están enfrentados.
Tras aquella tragedia, la gente necesitaba algo más para a reencontrarse a sí misma. Y no puedo dejar de citar, una vez más, a Don de Lillo, esta vez tomando un pasaje de “El hombre del salto”, donde cuenta: “Escribieron sobre los aviones. Escribieron sobre donde estaban cuando ocurrió. Escribieron sobre conocidos suyos que estaban en las torres, o en sus cercanías, y escribieron sobre Dios”.
Los que vimos frente al televisor aquella masacre no podremos desprendernos de esa pesadilla. No debemos. Por ello, escribo con dolor, como todos los años, un recordatorio de las víctimas del día irreal.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Vargas Llosa habla de Rodó, Sartre y Malraux



Son tres ilustres escritores comprometidos con su tiempo y, por ello, clásicos de la literatura. Me refiero a José Enrique Rodó, Jean Paul Sartre y André Malraux.  
Sobre cada uno de ellos, he pedido una opinión a Mario Vargas Llosa.

J. E. Rodó

José Enrique Rodó (Montevideo 1871,   Palermo, Italia, 1917), escritor, periodista y político uruguayo, fue autor de libros inolvidables y definidores del modernismo. Fue el creador del “arielismo, corriente ideológica basada en un aprecio de la tradición grecolatina.
En Uruguay el principal galardón al periodismo lleva su nombre: el “Premio Nacional de Periodismo José Enrique Rodó”. Recordemos que en el año 2010 le fue entregado en Uruguay a Mario Vargas Llosa. Dos años más tarde, tuve el honor de que el Premio Rodó me fuera concedido a mí.
Sobre la personalidad de Rodó, me dijo Mario Vargas Llosa estas palabras:
--Yo tengo mucha admiración por Rodó. Yo creo que fue un gran prosista, en primer lugar, y luego un pensador generoso, que tuvo una visión idealista de América. Seguramente, su visión está muy condicionada, en parte, por mitos de la época Pero su idealismo, su fe en los grandes valores, su creencia en la cultura como un instrumento civilizador, modernizador, que crea una comunidad espiritual más importante que aquellas que marcan las fronteras, y su visión profundamente americanista, ello, me parece que sigue siendo muy válido, ¿no? Por otra parte, hay que destacar los aspectos puramente literarios, de la prosa y de la cultura de Rodó…

Sartre

Sobre el filósofo y escritor francés, dice Vargas Llosa:
--El caso de Sartre a mí me parece --a diferencia de lo que ocurre con muchos franceses que han celebrado estos veinte años como un retorno, como una reivindicación de Sartre-- el de un pensador de una época que muy difícilmente volverá a tener vigencia. Creo que Sarte, con toda su inteligencia y la influencia que llegó a tener, está como fechado. Se equivocó mucho más de lo que acertó en el campo político. Yo creo que esa frase del escritor catalán Joseph Pla sobre el escritor Marcuse, es una frase que se podría aplicar, quizá con más justicia que a Marcuse, a Sartre: “contribuyó más que nadie a la confusión contemporánea”. Creo que políticamente Sartre fue un hombre que se equivocó sistemáticamente, que contribuyó muchísimo a desvalorizar la democracia, a justificar el socialismo, el colectivismo, aún con los peores crímenes, en nombre de una historia que la realidad contemporánea ha desmentido y ha desechado. De manera que esa obra, para mí, hoy en día, no tiene vigencia, sino que probablemente la va a tener menos en el futuro.

Malraux

 --Hemos llegado a Malraux, y de paso le recuerdo a Vargas Llosa que él estuvo el Panteón en París cuando allí se depositó el cuerpo del gran escritor y Ministro francés. Estas son sus palabras.
--Sí, fue un honor para mí… Y es que yo le tengo una gran admiración a Malraux. Yo creo que es uno de los grandes escritores del siglo veinte. Por desgracia hoy no tan leído ni tan admirado como debía ser, yo creo que por razones políticas, porque la última etapa de Malraux fue mucho más la de un político que la de un escritor. Y eso ha hecho que se pierda un poco la perspectiva sobre la importancia de su obra. Sin embargo, mira, sus novelas, y también algunos de sus ensayos, a mí me parecen de una inmensa riqueza intelectual. Y sobre todo “La condición humana”, llena de un vigor y una fuerza contagiosa… Yo la volví a leer no hace mucho, para escribir justamente un ensayo sobre ella, y a pesar de haberla leído ya varias veces, a mí me conmovió, me impresionó, me llevó desde la primera línea hasta la última como hechizado, como las grandes novelas. Así que sigo convencido de que “La condición humana” es una de las grandes novelas que se han escrito el siglo veinte.

jueves, 25 de agosto de 2016

Recuerdos de Revel


                               
            
Se cumplieron diez años del adiós a todos de Jean Francois Revel, pensador, ensayista y periodista, autor de más de treinta libros y miembro de la Academia Francesa de Letras. Nacido en Marsella en 1924, estudió en Lyon y en 1943 ingresó en la Escuela Normal Superior (fue un normalien").
Lo conocí en España, visitó una vez nuestro país, y volvimos a vernos en las jornadas liberales de Albarracín (Teruel). Aprovechando esos encuentros, le hice diversas preguntas concretas sobre los pensadores de nuestro tiempo. Transcribo algunas de sus respuestas.
Hablando de Jean Paul Sartre, me dijo: Tenía un indiscutible talento de escritor, de novelista, por lo menos en una novela que es “La Náusea”; también en el teatro, por lo menos en una obra, que  es “A puerta cerrada”; y era un brillante ensayista, en “Situations”. En filosofía fue para mí  el último representante de una concepción perimida de la filosofía, del modo de explicar todo sin tomar en consideración la ciencia. El fracaso de estos grandes sistemas filosóficos, tipo Heidegger, explica el éxito de doctrinas como el budismo en Occidente… Este aspecto de Sartre me parece más discutible, pero su comportamiento político es un misterio”.
¿A qué misterio se refería? Esta fue su respuesta: "Porque él sabía lo que pasaba en los países comunistas. ¿Por qué este stalinismo, este anticapitalismo, este culto de la revolución, de la violencia, del terrorismo? Porque él fue a visitar a la banda Baader a la cárcel, y se sabe muy bien que la Rote Armee Fraktion era manipulada por la "stassi" de Alemania oriental. Esa era la tontería de Sartre, la mala fe, la falta de honradez intelectual de sus posiciones políticas. Él era la encarnación de la equivocación de tantos intelectuales, a excepción de Raymosn Aron".
Cuando Revel dirigía “L’Express”, Raymond Aron era el columnista principal. Comentó: “Raymond Aron fue un analista. Muchas veces él también se equivocó, aunque él decía que se equivocó en pequeñas cosas, no en las grandes cosas, como los pensadores del fascismo o del comunismo. Y como historiador de la sociología y de Max Weber, fue un gran profesor. Trabajé con él cuatro años, muy íntimamente. El era la estrella de los columnistas. Este hombre, que era un filósofo, un hombre de teorías, que escribió sobre Clausewits su libro fundamental, era también un hombre que tenía una velocidad para captar los cambios políticos, los acontecimientos de cada día, de manera sumamente periodística”.
¿Y Borges? Me contó que, junto a los escritores Angelo Rinaldi,  Héctor Bianciotti y Aron, fundaron la “Asociación francesa de amigos de Borges”, en 1977, y lo invitaron a París. Dijo: “Era un hombre universal. Uno de los grandes genios”.
Cuando me envío su libro de Memorias, en la dedicatoria me honró, llamándome: “un hermano literario”.
“Nuestro tronante filósofo”, como lo llamaba Mario Vargas Llosa en rueda de amigos a Revel, a quien citó en su discurso del Premio Nobel, sobrevive en sus libros gracias a su higiene civilizadora.

sábado, 20 de agosto de 2016

Albert Camus en Montevideo
                       


          Albert Camus, el celebrado autor de “El extranjero” y “La peste”, ganador del Premio Nobel de literatura a los 44 años, visitó en un lejano mes de agosto dos veces nuestra ciudad. En 1949 el célebre escritor (nacido en 1913  y fallecido tempranamente en 1960)  estuvo dos veces en Montevideo y dejó sus apuntes de sus paseos. Y hoy, queremos recordarlos.
         Albert Camus escribe el 11 de agosto de 1949: "Me levanto temprano y escribo unas cartas. Luego, como sigo sin noticias de mis protectores naturales, voy a visitar Montevideo en un hermoso día gélido. La punta de la ciudad se baña en las aguas amarillas del río de la Plata. Aireada, regular, Montevideo se halla rodeada por un collar de playas y un bulevar marítimo que me parecen bellos. Hay una prestancia en esta ciudad, en la que parece ser más fácil vivir que en otras que vi hasta ahora. Mimosas en los barrios ajardinados, y palmeras que me recuerdan a Menton. Aliviado también por estar en un país de lengua española".
              Esa noche, Camus regresó en barco a Buenos Aires, y de allí viajó a Santiago. Y el 19 de agosto de 1949 volvió a Montevideo. En sus apuntes del día 20 de agosto, leemos: "A las once, primera conferencia en la sala de la Universidad. En medio de la conferencia, un curioso personaje entra en la sala. Una capa, la barba corta, los ojos negros. Se instala al fondo, de pie, abre ostensiblemente una revista y la lee. De cuando en cuando, tose muy fuerte. Este, al menos, pone algo de vida en el anfiteatro".
        Más adelante, anota: "Un momento con José Bergamín, fino, marcado, con la cara envejecida de intelectual español. No quiere elegir entre el catolicismo y comunismo mientras la guerra de España no haya terminado. Un hipotenso cuya energía no es más que espiritual. Me gusta esa clase de hombres".
              Entre otros apuntes, encontramos éstos: "La tarde es suave, rápida, un poco tierna. Este país es fácil y bello". Y más adelante: "Después de la conferencia, salgo a pasear con Bergamín. Aterrizamos en un café populoso. El duda de la eficacia de lo que está haciendo".
            Conoció a Susana Soca, la directora de “Entregas de La Licorne, a quien pidiera la mano (sin éxito) el poeta Henri Michaux.  Ella fue una de las anfitrionas de Camus en Montevideo, de quien dice:  "Después, cena en casa de Suzannah Soca. Un montón de mujeres de mundo que, después del tercer whisky, se ponen insoportables... Propongo a la agregada cultural que se venga a beber una copa conmigo... La noche es dulce en Montevideo. Un cielo puro, el crujir de las palmas secas encima de la plaza Constitución, vuelos de palomas, blancos, en el cielo negro". 
           Albert Camus se despidió de Montevideo el 21 de agosto de 1949. Estas fueron sus últimas impresiones: "... el avión abandona el terreno a las once. Bajo un cielo tierno, aireado, nuboso, Montevideo expone sus playas --ciudad encantadora-- donde todo invita a la felicidad y a la felicidad sin preocupaciones de la mente".

viernes, 12 de agosto de 2016

“Muerte en el Café Gijón”

  

  
            La distribuidora española de libros UDL, ha reunido en una página que he visto en Internet numerosos comentarios sobre mi novela  “Muerte en el Café Gijón” (en la edición de Editorial Funambulista de Madrid) publicados en la prensa y en diversos blogs españoles. Ofrece los títulos de los artículos críticos y las dos o tres primeras líneas de cada uno de ellos, y de esa forma quien esté interesado en leerlos en forma completa con un “clic” los tendrá de inmediato  desplegados en su totalidad.
        A varios de los artículos los había leído, como el del diario “La Vanguardia” de Barcelona (que dicho sea de paso consideró a mi novela como una de las mejores del año en 2012,  junto a obras del italiano Andrea Camillero y el nortamericano Michael Connely) y a otros de los tantos comentarios críticos que esta página ha reunido, no los conocía hasta ahora.
            He decidido hoy compartir esta página con los habituales visitantes  de mi blog. Y en cuanto a la foto situada arriba, bajo el título, que muestra un instante del diálogo que mantuve con el director de cine español Fernando Trueba (ganador del Oscar por “Belle Epoque”, como recordarán) el día que presentamos en la librería “La buena vida” de Madrid,  de su hermano menor Jesús, la edición española de “Muerte en el Café Gijón”, que había sido publicada anteriormente por Ediciones de la Plaza aquí en Montevideo. La foto la tomó el periodista y poeta Germán Yanke, querido amigo, quien de inmediato la difundió por twitter a sus miles de seguidores.
          Pues bien, quien desee ver la página de UDL y de paso conocer alguno de los comentarios en ella reunidos, puede hacerlo visitando esta dirección: